Rose-Marie Karlsson tiene 25 años y un sueño claro: mudarse desde Falun hasta Estocolmo para ejercer como auxiliar de enfermería. Sin embargo, lo que parecía un paso natural en su carrera profesional se ha convertido en un verdadero calvario. Encontrar una vivienda digna que no consuma la mayor parte de su salario mensual ha resultado ser mucho más complicado de lo esperado.
— Ha sido una lucha constante, reconoce ella misma.
Su situación no es un caso aislado. El mercado inmobiliario de la capital sueca se ha vuelto prácticamente inaccesible para quienes trabajan en sectores esenciales pero con salarios moderados, como el personal sanitario o los trabajadores de los servicios de emergencia —policías, bomberos y técnicos de urgencias médicas—. Mientras los precios de alquiler y compra siguen disparados en Estocolmo, estos profesionales se enfrentan a la paradoja de ser imprescindibles para la ciudad pero no poder permitirse vivir en ella.
Expertos en vivienda y sindicatos llevan tiempo alertando sobre este desequilibrio estructural, que amenaza con agravar la escasez de personal en sectores ya de por sí con dificultades para cubrir vacantes. Para muchos trabajadores que llegan desde otras ciudades suecas, la ecuación es sencilla pero demoledora: el coste de la vivienda en Estocolmo puede neutralizar por completo las ventajas económicas de aceptar un empleo en la capital.
El caso de Rose-Marie pone rostro a un problema que va más allá de las estadísticas y que plantea preguntas incómodas sobre qué tipo de ciudad quiere ser Estocolmo y para quién.
Fuente original: SVT Nyheter